domingo, 21 de marzo de 2010

Un médico peruano examinó el cerebro de Albert Einstein

Hay muchas perlas en los anaqueles del mundo, pero solo una como la suya quiero conservar.

Con estas palabras, cuidadosamente escogidas para una carta, el doctor tarmeño Alejandro Arellano Zapatero terminó de convencer a Albert Einstein para lograr lo que se antojaba imposible: analizar el cerebro del hombre que tanto iluminó al mundo.

“¿Cree usted que mi cabeza sea tan interesante como para merecer un estudio de tal naturaleza? Si usted lo piensa así, acepto”, le respondió el científico.

Por entonces, a mediados del siglo XX, el doctor Arellano trabajaba en el Hospital General de Massachusetts, luego de haber obtenido una beca en el Instituto de Salud Mental de Nueva York. Se encontraba abocado a un estudio que consistía en medir las ondas magnéticas del cerebro de las personas y percibir las diferencias.

Uno de los primeros genios que pasó por el Laboratorio de Electroencefalografía del hospital fue Norbert Wiener, quien ofreció además contactar a otros superdotados para el estudio.

“Yo le voy a escribir una carta personal [a Einstein], pero usted también escríbale”, le aconsejó Wiener a Arellano. “Y así fue la historia, un ave atrae a otra del mismo linaje”, confesaría cinco años después el galeno.

Con el equipo electroencefalográfico completo, Arellano partió la mañana del 8 de setiembre de 1950 a la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey. “El examen se realizó en la casa [ubicada dentro del campus] del profesor Einstein, así lo dispuso él”, recuerda hoy la esposa del médico, Katharina Hoffmann, una alemana de 84 años.

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